En el modelo de oración de Jesús, se dedica un buen espacio a los temas que son de interés a Dios y poco a las peticiones.
Para librarnos de la hipocresía necesitamos que sea el Espíritu Santo quien examine nuestro corazón.
Avancemos siempre confiados en la dirección que el Señor está señalando.
Muchos esperan en su vida espiritual manifestaciones dramáticas, pero la obra de Dios es lenta.
La presencia del discípulo en el mundo es más eficaz cuando su testimonio se produce en forma natural y espontánea.
Los resultados de obedecer a nuestro llamado de proclamar las buenas nuevas no están en nuestras manos.




