No podemos convertirnos en personas justas salvo como resultado de la intervención divina.
El Padre nos ha llamado a luz para que revelemos la identidad de la fuente de la luz que brilla en nosotros.
¡No busquemos las recompensas efímeras, animémonos a echar mano de lo que Dios nos ofrece!
La luz encuentra en las buenas obras su resplandor más pleno.
Todo ministerio conducido en santidad y temor de Dios debe tener como objetivo que el Padre reciba la gloria.
Como en el caso de los cuatro amigos, que su fe fue crucial para el paralítico, así sucede con nosotros también.



