El buen amigo sabe que el amor demanda que también velemos por el bienestar del otro.
A diferencia de la lástima, la compasión traduce el sentimiento de angustia por la necesidad del prójimo.
La adoración es, en últimas instancias, el resultado de un dramático y profundo encuentro con Dios.
Nuestras conversaciones evangelizadoras deben conducir a nuestros interlocutores cada vez al plano de su propio corazón.
Nuestros esfuerzos por evangelizar se tornan ineficaces cuando dependen de argumentos, respaldados por versículos apropiados y no de la dirección del Espíritu
Debemos estar siempre preparados para aquietar nuestro espíritu y buscar las directrices de Dios.


