La preocupación delata una falta de fe en el amor de Dios.
Para evitar convertir a las riquezas en nuestro dios no hay negar el poder que pueden tener sobre nosotros.
El rumbo de nuestra vida lo determina el objeto del enfoque de nuestros ojos.
No nos engañemos, nuestro corazón tiene lugar para un solo tesoro, escojamos a Dios y no a las riquezas.
La disciplina del ayuno nos ayuda a sujetar nuestro cuerpo a Cristo.
Debemos apresurarnos a llevar toda ofensa al Señor, antes de que su veneno comience a actuar en nosotros.



