Dios creó el matrimonio para que los hombres y mujeres pudieran experimentar una relación intima entre ellos basados en los principios del Creador. Sin embargo, esta unión genuina es imposible al menos que la pareja dependa exclusivamente de Jesucristo y de la guía del Espíritu Santo.
Han surgido muchas definiciones sobre el matrimonio. Entre ellas se ven algunas formuladas según la conveniencia del individuo, de tal modo que puedan favorecer la ausencia de un compromiso permanente hacia el cónyuge. Este sinnúmero de conceptos nos obliga a revisar la declaración de Dios acerca del matrimonio. El autor nos ofrece un estudio cuidadoso de la misma en los cuatro pasajes bíblicos en los que se menciona.
Pocas cosas en la vida de un hombre casado pueden satisfacerlo tanto como el disfrutar de una excelente relación con su pareja. La unidad en el matrimonio puede alcanzarse; no es un espejismo. Es posible hacerlo realidad. Y gran parte se logra en la medida en que el esposo conoce y cumple su rol, el rol que Dios diseñó para él.
¿Qué sentido tiene vivir la fe en Jesucristo en medio de una situación de caos? El autor comparte tres lecciones que surgen del contexto colombiano con la intención de animarnos unos a otros a dar razón de nuestra esperanza. Me anima también el propósito de estimular solidariamente a quienes sirven al Señor bajo situaciones de conflicto, recordando que alrededor del mundo son muchos los alcanzados por el Reino en medio del fragor de la metralla. Para lograr estos objetivos recurre al Capítulo 5 de Apocalipsis.
Cuando un niño acepta el mensaje de salvación lo hace con facilidad y con una fe sencilla. ¡Con razón dijo el Señor que tenemos que ser como niños para entrar en el Reino de los cielos! (Mateo 18:3). ¿Qué podemos hacer para aprovechar este enorme potencial que tienen los niños? ¿Qué hacer para no fracasar cuando ministramos a los niños? Los autores nos ofrecen excelentes principios para trabajar con niños.
¿Cómo viene la gente a Cristo y a la iglesia? ¿Cuántos entran solos sin que nadie los invite? Tenemos en las iglesias un potencial adormecido que si lo activáramos de la manera correcta explotaría. Es hora de considerar una alternativa del paradigma evangelizador: La evangelización por medio de las amistades.




