A fin de cuentas, el escuchar, nos hace meditar en algo muy claro: ¿Cuál es nuestro motivo para oír? El motivo correcto: simplemente el deseo de ayudar a otros brindándoles asistencia en verdad eficaz.
Cierto día se me acercó el menor de mis hijos con una evidente preocupación diciendo: "Papá, a mí todos me mandan, y yo, ¿a quién tengo que mandar?"... Haciendo un esfuerzo para mantener la seriedad de la conversación pude responderle que, antes de mandar a otros, él tenía que aprender primero a obedecer.
Como resultado de ser los dueños de más de la mitad del petróleo del mundo, los musulmanes han invertido grandes cantidades de dinero en el desarrollo y extensión de la misión islámica (dawa). Los cristianos occidentales han sido sorprendidos al descubrir activos misioneros musulmanes en las calles de sus ciudades, a la vez que demandan un reconocimiento legal de su fe y prácticas en la vida cultural de sus comunidades.
Busqué entre la gente que caminaba ligero en pleno centro de la ciudad. Ese llanto desgarrador tenía que provenir de una persona... Entonces vi a esa mujer, sentada en medio de la vereda, con un gemir ensordecedor y sin respuesta. Al principio, la indiferencia de la gente me asombró y enojó, pero... ¿qué podía hacer yo? Había estado lo suficiente en India como para saber que hay millones de llantos diarios sin respuesta. Como todos los demás, seguí caminando, tratando de evitar el pensar en la causa de su dolor... después vino mi arrepentimiento,... pero esa mujer ya no estaba allí.
Las expectativas del rol del ministerio van en aumento y son demandantes e inexorables.
Los dragones, por supuesto, son bestias ficticias, reptiles monstruosos con garras de león, cola de serpiente, alas de murciélago y piel escamada. Lanzan fuego y humo por la boca y tienen el empuje de un tanque de guerra. Sólo existen en la imaginación. Pero hay dragones de una clase diferente, decididamente reales, dentro de la iglesia. A menudo sinceros, santos, bien intencionados, pero que sin embargo dejan úlceras y relaciones tirantes; pueblan de emociones heridas por todo su camino.




