Hace poco tiempo la iglesia autorizó a los pastores a aplicar directamente sanciones disciplinarias en algunos casos excepcionales y muy confidenciales, sin la necesidad de pasar por la asamblea. Esta medida, decidida por toda la asamblea de la iglesia, ya comenzó a rendir sus frutos, evitando complicaciones enfermizas en situaciones muy particulares.
Hoy, más que nunca, es necesario que como auténticos cristianos asumamos nuestro rol profético de ser «sal de la tierra» y «luz del mundo», combatiendo este sistema injusto y los males concretos en nuestra propia región, sabiendo que tenemos armas espirituales, «poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas» (2 Co. 10:3-5).
Cuando la soledad, la crisis y el desaliento sobrevienen en la vida pastoral, también lo hace el deseo de desprenderse de las responsabilidades y «tomar el primer avión».
Algunas corrientes contemporáneas pueden hacer valiosos aportes a la iglesia local. Recientes tendencias en la evangelización, la misiología, la educación cristiana, la eclesiología y otras, que no se alejan de las enseñanzas neotestamentarias, ayudan a ampliar la visión y presentan nuevas perspectivas para el crecimiento de la iglesia. El pastor debe estar abierto a esa posibilidad.
Principios básicos y fundamentales de evangelismo que aprendí en la práctica.
Años atrás me atreví a redactar y publicar un sencillo «decálogo técnico» con recomendaciones prácticas sobre el llamado a hacer decisiones públicas.




