En el mundo existen una gran cantidad de niños, jóvenes, hombres y mujeres que están pasando por momentos difíciles en sus vidas.
Linda Finkenbinder comparte una experiencia de su matrimonio. Con ella ejemplifica cómo se formaron en ella y su esposo muchas heridas causadas por las crueles palabras, cargadas de quejas y demandas, que se lanzaban uno al otro. También comparte cómo lograron sanar.
Pastor, usted tiene un grave problema en su vida: Usted no es un hombre de oración.» Con estas palabras una querida hermana venezolana fue instrumento en las manos de Dios, en el año 1984, para producir uno de los cambios más significativos en mi vida y ministerio.
Estamos de acuerdo con los que sostienen que el auténtico buen humor es absolutamente intolerable y de aflicción para el enemigo. El chiste diáfano, la carcajada sana, la comicidad y el humorismo que no incursionan en terrenos inmorales, repugnan al Príncipe del Mal. ¿Cómo puede el cristiano tener un buen humor sano, legítimo y natural? Veamos algo de lo que la Biblia enseña sobre este interesante tema.
En nuestro ejercicio del liderazgo se reciben muchos golpes. Cada uno tiene diferente fruto en nuestra vida y ministerio. Unos corrigen actitudes e ideas erradas, otros construyen carácter, también hay los que afinan la visión de nuestro ministerio.
La «experiencia mística» es un hecho, real o imaginario. Pero la interpretación de la experiencia, hecha por el protagonista, por los testigos, o por quienes solamente han oído el testimonio del protagonista, es otro hecho que debe analizarse cuidadosamente.




