Para andar en intimidad con Jesús no existe otro camino que no sea la cruz.
La vocación pastoral se cultiva conociendo de primera mano la realidad del pueblo al cual pretende ministrar.
El transitar confiado por los caminos que el Señor nos indica no depende de lo lógico que resulte escogerlos, sino de la certeza de que quien los traza los conoce bien.
Nuestras debilidades nos hacen depender enteramente de la gracia del Padre.
Para tener éxito en un proyecto difícil, debemos estar dispuestos a pagar el precio necesario.
El verdadero líder es el que no tiene deseos de liderar, sino que se ha visto obligado a asumir el rol de líder por la presión del Espíritu.


