Una profunda unidad en la pareja solo puede lograrse cuando existe una buena comunicación, por eso, es fundamental que un matrimonio reconozca la importancia de fomentarla y los principios que conducen a ella. Este es el primer artículo de la serie «Hablar, callar y escuchar: Principios para la comunicación que conduce a la unidad en el matrimonio». La serie reflexiona sobre tres principios básicos de la buena comunicación aplicados a la vida conyugal. El primer artículo cubre el principio de franqueza y sinceridad.
La presencia o ausencia de condiciones paliativas externas (un familiar, un maestro, etc.) pueden influir notablemente en el comportamiento de un niño. Las experiencias subsiguientes tenderán a corregir o suavizar los daños anteriores o tal vez otorgarán un marco de fomento para una mayor desviación.
Como líder he visto algunos de los peores matrimonios; como hombre casado he experimentado el mejor. Sin embargo, observación y experiencia no son suficientes. Es necesario acercarnos a la Palabra para aprender cómo debe ser el modelo de matrimonio que Dios nos propone y verificar nuestros conceptos, ya sea que los hayamos desarrollado a través de la observación o la experiencia.
Cuando una pareja se acerca al pastor para pedirle que oficie una ceremonia de bodas, se abre una importante ocasión para el ministerio de consejería prematrimonial. Mucho para evaluar y buen tiempo para prevenir.
Vivir con un niño hiperactivo puede ser una carga. Los padres aprenden pronto la terminología y las teorías, pero todo eso sirve de poco en el trato diario con un niño especial. No hay enciclopedia que diga cómo satisfacer cada necesidad. Dios le dio a los padres la responsabilidad final.
Los padres más «buenos» no son aquellos que logran en su casa un lugar tan cómodo que sus hijos no desean irse y desarrollar sus propias vidas, sino los que han preparado a sus hijos de tal modo que pueden ser adultos autónomos, con identidad definida como para saber actuar fuera de la familia.


