La rivalidad y la competitividad son una constante en toda organización, y la Biblia ha registrado esta realidad en el Antiguo y Nuevo Testamento. En el caso de Moisés, él sufrió en el seno de su propia familia este flagelo (Nm 12).
Convertir a Jesús en ejecutivo no es tarea difícil. Muchos han convertido al Jesús de los evangelios en un líder pasajero hecho a «imagen y semejanza» de los caprichos de la época. Este Jesús que se han fabricado no pasa de ser nada nuevo. Por eso, al tratar aquí el tema del liderazgo a la manera de Jesús, quisiéramos proponer otro camino...
La mayoría de los miembros de las juntas de la iglesia soportan las tareas, pero no necesariamente las disfrutan o son productivos. La autora comparte interesantes consejos y anécdotas que lo ayudarán a tener una nueva compresión de lo que significa ministrar juntos, en lo que ella llama: «comunidad enfocada en la misión».
¿Estamos haciendo justicia con lo que pagamos a las personas que laboran o colaboran de una u otra manera para nosotros? Reflexionemos y actuemos siempre con justicia y de acuerdo a la voluntad del Señor.
Más allá de todos los esplendores de su lengua, más allá de todas las actividades de su administración, más allá de todos sus poderosos y voluminosos escritos, ardía la gloria de un alma viviente: un alma ardiente, imperecedera, suprema. Para él, el cristianismo lo era todo; su fe inspiraba cada acto de su vida, cada momento de su día, cada palabra que pronunciaba, cada letra que escribía. Ese era el secreto de su poder.
Un cuerpo productivo y maduro no es un accidente. Es el resultado de obedecer cuidadosamente las instrucciones de Dios. Al observar la voluntad de la cabeza, los miembros se relacionarán adecuadamente y edificarán al cuerpo.


