Frente a la vergonzosa realidad, en la que miles de personas a lo largo de nuestro continente están siendo agredidas física o emocionamente en el mismo seno de su hogar, un modesto reto para vestirse de valor, para pronunciarse en contra, para buscar alternativas eficaces para las víctimas; valor, que puede ser una semilla de transformación.
Pretendíamos expresar que toda mujer tiene derecho a vivir libre de maltrato y de violencia, a no recibir ningún tipo de agresión, a tomar sus propias decisiones, a ejercer control sobre su vida, a ser tratada como persona, a caminar sin miedo, sin amenazas y sin humillaciones, a ser respetada y tratada con dignidad entre otros derechos. Una jornada ejemplo para la iglesia en América Latina.
Esconder los sentimientos en el matrimonio es un juego peligroso, pero tan común que muchas veces no se le concede la importancia debida. Quizás te sorprenda saber en cuántas diferentes formas el temor mantiene al marido y a la mujer alejados de esa relación íntima que ellos desearían tener. Todas hemos experimentado ese deseo de conservar nuestra individualidad y, al mismo tiempo, sentirnos unidas con nuestro esposo. En el mismo suspiro decimos: «abrázame, ¡pero no demasiado fuerte!»
El amor no trata de salirse siempre con la suya, no es irritable, ni quisquilloso. (1Co. 13.5, La Biblia al día)
El tema de amistad masculina/femenina entre personas casadas es acaloradamente discutido hoy en día entre muchos cristianos. Algunos aconsejan esta relación ingenuamente y sin precaución. Otros dicen que es pecaminoso tener este tipo de relación en cualquier nivel. La autora nos comparte que la verdad se encuentra en alguna parte entre las dos opiniones.
Tal como dice Efesios 4:6, el Señor está «sobre todos y por medio de todos y en todos.» Frente a una declaración tan amplia, no queda duda de que todos sus seguidores, sean hombres o mujeres tienen la responsabilidad de permitir la acción de Dios en el mundo a través de sus propias vidas.


