Últimamente se ha desarrollado entre varios misiólogos un nuevo modo de entender el poder satánico y las creencias indígenas, que afecta hasta la interpretación de las Escrituras. Si esto representara un retorno al sobrenaturalismo de la Biblia, lo recibiríamos con gozo; pero estamos ante otra cosa. Nos parece, entonces, que en su legítimo deseo de evitar la piedra del racionalismo, dichos misiólogos han caído en el hoyo del animismo. La teoría de la magia se afianza sobre todo en dos principios.
Tener gracia, sagacidad, encanto y sensibilidad, son características de aquellas personas que son capaces de establecer relaciones rápidas y relajadas con otras personas de una amplia variedad de trasfondos. Esa es una cualidad que deberíamos anhelar y cultivar todos.
El cristiano en particular debe entender que él debe ser quien evangelizo a quienes lo rodean; Dios siempre le pidió que lo fuera y que su vida cristiana fuera de tal forma madura y santa que pueda persuadir a su prójimo, aunque sus palabras no sean tan elocuentes.
Habiendo centrado la atención en los menesteres inmediatos y locales, los discípulos fueron desafiados a levantar la mirada y extender la visión. Al igual que entonces, hoy también tendemos a fijar la mirada hacia abajo. Pero cuando levantamos los ojos, el panorama se nos agranda y la visión se amplía...
Como cristianos nos sentimos cómodos con otros creyentes. Pero hoy día, ese confort ha evolucionado a tal punto de haberse creado una subcultura que consiste de camisetas cristianas y Páginas Amarillas, la que contribuye para que mantengamos nuestros contactos con inconversos al mínimo. Pero como Jesús, precisamos ser misioneros, tolerando las partes indeseables de nuestra cultura para evangelizar a otros.
Años atrás me atreví a redactar y publicar un sencillo «decálogo técnico» con recomendaciones prácticas sobre el llamado a hacer decisiones públicas.


