Muchos de nosotros estamos familiarizados con las relaciones mentor-aprendiz entre Moisés y Josué, Elías y Eliseo, Noemí y Ruth, Pablo y Timoteo, y Jesús y sus discípulos. Pero, ¿qué significa ser un mentor realmente? ¿Cuáles son sus funciones y responsabilidades? ¿Y los beneficios? Erik Johnson ofrece una clara y rápida capacitación sobre cómo ser un excelente mentor y empezar a moldear vidas.
Tener gracia, sagacidad, encanto y sensibilidad, son características de aquellas personas que son capaces de establecer relaciones rápidas y relajadas con otras personas de una amplia variedad de trasfondos. Esa es una cualidad que deberíamos anhelar y cultivar todos.
El cristiano en particular debe entender que él debe ser quien evangelizo a quienes lo rodean; Dios siempre le pidió que lo fuera y que su vida cristiana fuera de tal forma madura y santa que pueda persuadir a su prójimo, aunque sus palabras no sean tan elocuentes.
Habiendo centrado la atención en los menesteres inmediatos y locales, los discípulos fueron desafiados a levantar la mirada y extender la visión. Al igual que entonces, hoy también tendemos a fijar la mirada hacia abajo. Pero cuando levantamos los ojos, el panorama se nos agranda y la visión se amplía...
Como cristianos nos sentimos cómodos con otros creyentes. Pero hoy día, ese confort ha evolucionado a tal punto de haberse creado una subcultura que consiste de camisetas cristianas y Páginas Amarillas, la que contribuye para que mantengamos nuestros contactos con inconversos al mínimo. Pero como Jesús, precisamos ser misioneros, tolerando las partes indeseables de nuestra cultura para evangelizar a otros.
Años atrás me atreví a redactar y publicar un sencillo «decálogo técnico» con recomendaciones prácticas sobre el llamado a hacer decisiones públicas.


