Amsterdam 86 fue el encuentro de líderes cristianos más grande de la historia del Cristianismo hasta esa fecha. Esta segunda versión de la Conferencia Internacional para Evangelistas Itinerantes, organizada por la Asociación Evangelística Billy Graham, duplicó la cantidad de asistentes que tuvo aquella primera del año 1983. En este artículo tenemos un esbozo de lo que fue ese gran encuentro.
¿Uno de sus temores es evangelizar? ¿Su grupo de discipulado tiembla cuando usted menciona la palabra «evangelizar»? Si su respuesta es «sí», permita que el siguiente artículo lo ayude a obtener ideas de cómo compartir su fe con personas no creyentes y así fomentar en sus discípulos la pasión por los perdidos.
Un grupo pequeño, como cualquier sistema activo, necesita que sus componentes trabajen armoniosamente. Como una orquesta sin partituras musicales daría lugar a una cacofonía, un grupo pequeño sin metas claras conocidas y compartidas por sus miembros no va a resultar más útil que un cotorreo comunitario.
Todos nosotros luchamos con la tentación de distorsionar los números estadísticos. Ceder a esa tentación es querer hacer que
El deseo de Dios para la iglesia local es que esta sea una comunidad que prevalezca. Es decir, que sea una iglesia que salga vencedora como la del libro de Apocalipsis; una iglesia que tendrá éxito según el criterio de Dios. Hay dos perspectivas erróneas de lo que una iglesia debe ser y estas impiden a las iglesias prevalecer.
El maestro de las Sagradas Escrituras debe enseñar lo que es correcto y refutar lo que está mal. Al hacer esto, debe conciliar al hostil, animar al indiferente e informar al ignorante sobre los sucesos actuales y direcciones para el futuro. Una vez que sus oyentes se vuelven amistosos, prestan atención y están listos para aprender (ya sea que los haya encontrado en estas condiciones o que él los haya llevado a ellas), el maestro cuenta con tres métodos para comunicar la verdad.


