En el fondo del corazón del Señor Jesús estaba su disposición a limitarse y a ser más que prudente.
Por cuanto la verdad acerca de mí mismo es humillante, dame el valor para hablar de ella en tu presencia.
Sabiendo que Dios no tiene limitaciones para intervenir como él quiera, debemos armarnos de un espíritu abierto.
Aun cuando las situaciones no sean perfectas, debemos avanzar en nuestra tarea convencidos de que hemos recibido órdenes de nuestro Señor para arrancar con el proyecto.
Lo que vivimos en el plano privado de nuestras vidas incide en nuestras relaciones en el ámbito público.
La diferencia entre los que viven por fe y los que no es que los primeros no permiten que sus dudas decidan.


