El que desee involucrarse con Cristo deberá entender que se ganará el desprecio y la condenación de los que andan en tinieblas.
El hombre sabio y la mujer entendida saben que el Señor no puede ser contenido ni explicado por los más sofisticados procesos de razonamiento disponibles al ser humano.
Recuperar el equilibrio entre el ser y el hacer es uno de los más grandes desafíos que enfrenta el hombre de estos tiempos.
El transitar confiado por los caminos que el Señor nos indica no depende de lo lógico que resulte escogerlos, sino de la certeza de que quien los traza los conoce bien.
El Señor se mueve en una esfera que no es reconocible a nuestros ojos.
Nuestras debilidades nos hacen depender enteramente de la gracia del Padre.


